El
término “memoria” no es unívoco, sino que cubre muchas funciones mentales
diferentes. El acto de recordar es
una de las funciones de la memoria. Este aspecto de la memoria es la reminiscencia, el traer a la mente algún
hecho aprendido con anterioridad o un suceso vivido. Las experiencias
agradables y desagradables, que suceden durante los diferentes partidos de
golf, forman parte de estos sucesos que atraemos a nuestra mente durante la partida.
Otras veces, el término “memoria” se refiere no al
proceso de traer conocimiento almacenado a la mente sino, más bien, al
conocimiento almacenado en sí. Este significado de “memoria” denota la parte de
la mente que contiene rastros de
influencia del pasado que persisten en el presente. El término “memoria”
también se emplea en conexión con el proceso
de adquirir conocimiento, es decir, el proceso de aprender o memorizar.
En la literatura especializada a menudo se hace
referencia a tres etapas en el procesamiento de la memoria. La adquisición de
nueva información se llama codificación,
retener la información se describe como almacenamiento,
y traer la información a la memoria es la recuperación.
Existe un tipo especial de memoria “corporal”
denominada memoria procesal. Es la
memoria para las destrezas motoras
habituales, o, más generalmente, las denominadas destrezas perceptomotoras o ideomotoras. Este tipo de memoria nos permite aprender destrezas y saber cómo
hacer las cosas: el conocimiento acerca
de cómo caminar, cómo ordenar bloques en torres, cómo escribir, cómo tocar el
piano, cómo jugar al golf….Este tipo de memoria depende del tipo correcto de
experiencia y de mucha práctica. La repetición constante en una fase de aprendizaje
es de particular importancia para la memoria procesal, cuyas raíces evolutivas
son mucho más profundas que las de la denominada memoria semántica. Todos los
niveles de habilidad ideomotora, desde caminar hasta
jugar al golf, son destrezas que se aprenden poco a poco. Este tipo de
destrezas como aprender a montar en bicicleta también son muy resistentes a deteriorarse con el tiempo. Por lo tanto un
aforismo que a menudo se relaciona con las destrezas procesales es que éstas
son “difíciles de aprender y difíciles de olvidar” o aquella otra que dice: “el
que tuvo, retuvo”.
Naturalmente existe un grado de superposición entre la
memoria procesal y la memoria semántica, ya que muchas destrezas motoras están
codificadas y guardadas tanto en forma procesal como semántica. Una manera útil
de distinguirlas es pensar en la diferencia entre nuestra destreza concreta al jugar al golf y, digamos, nuestro
conocimiento abstracto de las reglas
del juego, o la manera teórica de empuñar el grip.
Una característica importante en la memoria procesal
es que funciona implícitamente, es
decir, que el comportamiento habitual es ejecutado de manera automática, y por
lo tanto inconsciente, casi por definición. Las habilidades en el golf pueden
mejorar sin un aumento acorde en el conocimiento abstracto y explícito de cómo se supone que se debe mover el cuerpo y
el palo. En muchas ocasiones el pensar de manera explícita acerca de un
movimiento bien ensayado, con frecuencia causa una baja en los niveles de
rendimiento. Luego de una partida de golf, en la que Tiger
Woods, había ganado el campeonato, se encontró con
que no tenía recuerdos de muchos de los golpes. Había jugado durante todo el
recorrido de manera “automática”.
Por lo general, los recuerdos procesales están
asociados con la memoria semántica y con la episódica. Es decir, las mismas
experiencias habrán sido codificadas de diferentes maneras a la vez: como un
conjunto de episodios de experiencia, como un conjunto de hechos abstractos y
como un conjunto de respuestas habituales. Esto hace que el comportamiento de
una persona esté fuertemente determinado por influencias y eventos de los
cuales la persona no tiene absoluta conciencia. Esto hace que determinados días
o determinados compañeros de partida, hagan que mejore o empeore el resultado
del juego.